22 de noviembre de 2013

TEORÍA GEOCÉNTRICA

Mantienes los ojos abiertos, contemplas todo lo que hay a tu alrededor y ves lo que una humanidad entera ha creado desde la aparición del primer homínido. Siglos y siglos de creación, de diseño y de cooperación, de levantamiento de murallas, pirámides, de templos y palacios, de castillos y fortalezas. Y a día de hoy pensamos que somos los únicos en el universo, o que, al menos, somos el centro del universo, que, pese a que igual no estamos solos, todo gira en torno a nosotros.

Nunca nos paramos a pensar si en otro planeta de alguna galaxia lejana está sucediendo una guerra mundial a nivel nuclear, ni tampoco nos paramos a pensar si serán como nosotros, o si ellos ahora mismo pueden ver la tecnología que tenemos, que no por ser extraterrestres implica que sean más avanzados que nosotros.

Así pues la raza humana tiene la costumbre de pensar primero para ellos mismos y luego para los de su propia especie, pero, ¿Qué quiero decir con esto? Que el ansia de ser los mejores, de ser la personificación del poder y de querer ser los reyes del universo en realidad nos ciega de lo que la mente puede llegar a crear, de lo que la imaginación ha creado y se ha ignorado por ser tabú, por ser patraña, por ser símbolo de una locura o una esquizofrenia.

Cierra ahora los ojos, e intenta recrear el paraíso, intenta pensar en un mundo de fantasía lleno de animales y seres fantásticos, imagina poder ser un guerrero o un mago. Lo que la mente humana ha hecho hasta ahora es crear nuevos sistemas de defensa, nuevos armamentos, nuevas armas biológicas...[...]

Esta es una petición a toda la humanidad para que olvide todo lo que ha aprendido sobre la maldad que se ha propagado por culpa de exprimir tanto a la mente humana para fines bélicos, cierra los ojos, deja tu mente en blanco unos segundos, ábrelos, y ahora coge un libro.

Lee libros, empápate de cultura, emborráchate de emparedados y citas, e imagina todos los mundos que se abren ante ti cada vez que lees un libro y viajas a su mundo. No dejes que ese egocéntrico y egoísta llamado ser humano te impida imaginar y pensar en mundos que otros no creen, y de conocer la magia que desprende un libro desde que lo abres hasta que concluyes con el último punto.


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