23 de mayo de 2013

ALGO MÁS QUE UN CASTIGO

¿Nunca os ha pasado que os dan una colleja y os duele más la humillación con la que agachas la cabeza por el golpe que por el dolor del propio golpe? Es algo difícil de asimilar porque en un principio las collejas son llamadas también correctivos y ya su propio nombre denota que, quien la recibe, padece un serio retraso mental como para ganársela.
Si has recibido una colleja y afirmas no tener este retraso es porque el que te la dio considera que te la mereces por... cualquier motivo que exista, al menos para él.
Bueno, eso es lo de menos, lo que quiero decir es que, joder, ¿En serio son necesarias las collejas? La última vez que recibí una me dolió mucho esa humillación, la pude devolver, eso sí, y al otro puedo asegurar que le dolió más el golpe, pues porque fue una colleja de mejilla, si si, un señor Bofetón, de esos que devuelves sin intención de dejar a tu oponente con una marca pero lo acabas logrando. Igualmente, mi intención era devolver esa humillación, no es culpa mía, desde pequeño me enseñaron que hay que devolver favores, badumtss!

Me voy de las ramas, pero, ¿Qué intento decir con todo esto? Pues que existen muchísimas formas de dar golpes...hostias correctivas a quien le falte un hervor. El bofetón más bien es para cuando has hecho algo mal y te tienen que dar la hostia por tonto del culo. El puñetazo implica cabreo y furia, usado más comúnmente para desahogar esa ira y vengarse de alguien, por ejemplo. También tenemos el exquisito pero no tan lustroso puñetazo en el brazo, porque se usa ya más en ámbito amistoso porque se relaciona más con el buen rollo, entre amigos. Y el último que considero más rebelde pero muy muy gay es el empujón. Ese típico empujón que cuando empujas a alguien pareces un Nigga de California Beach con más oro colgando que un gitano en una joyería (y con pasamontañas). 
Sea cual sea, señores, hay mil maneras de hacer castigo al que se lo merece, pero el premio se lo lleva la puñeta de la colleja, peor humillación no vais a encontrar en la vida que no sea dando una buena colleja.

Una colleja vale más que mil palabras.

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